14 de abril, doblemente en babia
¿Tener un lio de una noche? Si ya habeis leido algunas de mis anteriores entradas os habreis dado cuenta de que nunca ha sido mi estilo... y es que para mi las cosas sin sentimiento están vacías y son olvidadas al día siguiente. Hay muchos conocidos que de esto podrían hacer un máster. ¿O me equivoco?
Esa siempre ha sido mi opinión, aunque este pasado 14 de abril tuve que desdecirme de ella. Podéis llamarme chaquetera, inmoral, incoherente... pero nunca había visto a alguien tan atractivo en un bar de copas nocturno.
Diremos que se llama Eduardo para mantener el misterio. Os lo imaginareis: Tío no muy alto pero tampoco bajo, castaño, con barba de pocos días, tímido apartado en una esquina del bar bebiendo y viendo los videos que ponen en las televisiones del local, espalda ancha pero no demasiado y cuerpo bien torneado. (y tanto...)
No me suelo fijar en los tios de discoteca, pero éste captó mi atención desde el principio con su camiseta blanca que brillaba en demasía bajo la tenue luz del garito.
Mientras bailabamos yo y mis amigas en medio del local, intentaba establecer contacto a través de mi mirada cual polvo visual. ¿Adivináis qué? Fue correspondida y mantuvimos fijas nuestras miradas...
Cual hierro al imán, me atraía irrefrenablemente... y cuando se quedó solo al irse sus amigos a tomar el aire yo, chica tímida fui hacia él con una amiga para mantener una conversacion y lo que surgiera. (Pondré un resumen)
- Hola ¿Te han dejado sólo?-
- Sí, tenían ganas de tomar el aire y se han ido un rato-
- Bueno, te hacemos compañía no te preocupes - contesté con expectación. - ¿Cómo te llamas?
- Soy Eduardo, encantado y ¿tu?-
- Yo Marta, igualmente (supongo que yo más que encantada) -
- Bueno, ¿de donde eres?-
- De Galicia; supongo que tu serás de por aquí ¿no?-
- Sí...-
Nos conocimos y en el transcurso de la conversación mi amiga se había ido al "baño". (muchas gracias :))
- He visto que os estabais fijando mucho en mi-
- Pues sí, es que el disimulo nunca ha sido mi fuerte, pero cómo no fijarse en alguien como tú...
- Te habrás dado cuenta de que soy un poco cortado ¿verdad?-
- Sí, me doy cuenta, pero no te preocupes que a mí también me pasa lo mismo...-
De pie apoyados en la pared pegados uno al lado del otro, se podía cortar la tensión sexual en el ambiente con un cuchillo... estaba claro que llegados a este punto ambos estábamos interesados en más...
- Bueno... ¿y qué quieres hacer?
- Pues no sé, un poco de todo... - contesté yo, pensando lo obvia que era la pregunta. - ¿Y tú?- le pregunté al oído intentando que me escuchase a pesar del ruido de la música.
Entonces giró su cuello y su boca encontró la mía y nos fundimos en un beso. Nuestras lenguas daban vueltas como una sola y mis dientes atrapaban su labio...
Mientras tanto, mis manos ávidas recorrían su cuerpo, su pecho marcado, especialmente esa línea que forma (que siempre me ha encantado) el margen del pectoral con el principio de la clavícula; su espalda... recorriendo todo su costado hasta llegar donde la espalda pierde su nombre... Mi mano rozaba el borde de su cara y su nuca deseando que se quedara allí para siempre.
Él repasaba mi cuerpo de arriba a abajo, manteniendose un rato en mi trasero... y acariciando mi cara de vez en cuando demostrando ese punto tierno que todas buscamos.
De repente paró... pero yo quería un poco más... pensé y se me ocurrió una forma divertida de conseguir lo que buscaba. Los que leais esto y me conozcais pensareis: ¡menuda parida! normal que se te ocurriera a ti... pero ¿sabéis? funcionó y con eso estoy satisfecha.
- Oye, ¿Tú conoces este postre que anuncian en televisión?... las natillas danone...-
- Sí, claro cómo no- contesta extrañado.
- Pues... ¿Repetimos?
Le saqué una gran sonrisa y volvió la cara hacia mí, esta vez con más deseo, casi con hambre...
Cerraban el local eran las 4:00 de la mañana y sus amigos le habían dejado solo (supongo que al ver lo que estaba pasando) así que mi amiga y yo le acompañamos a su hostal cerca del mercado de San Miguel (siempre ha sido uno de mis sitios favoritos). Estabamos allí los tres iluminados por la luz de la luna, llamamos al telefonillo y abrieron la puerta. Eduardo esperó unos instantes con la puerta abierta, me acerqué le di dos besos y uno de los buenos de despedida, pero algo menos apasionados que los anteriores. Mi amiga se despidió de él y cuando iba a cerrar la puerta tras de sí volvió a abrirla y me preguntó: ¿Quieres pasar?
Bueno a partir de aquí os dejo con la intriga, puede que acompañara a Eduardo dentro del hostal a una noche muy prometedora o que me marchara con mi amiga a casa... nunca lo sabreis, podéis pensar lo que querais... ¿No mejora la vida con un toque de misterio, con una curiosidad en la que pensar o que descubrir?