La sonrisa de los ilusionados
Raquel, cuanto tiempo hace que no sabemos nada de ti. Y aunque no lo parezca la que menos sabe de ella misma es ella misma. Cada día se soprende por sus reacciones excesivas, sus malas interpretaciones; cada día aprende un poco más a desconfiar en las personas, pone buena cara y llora en silencio.
Raquel ve a sus amigas Noelia y Mónica hablar de como van sus vidas:
- "Voy a hacer 4 meses con mi novio, la vida es muy bella; no podría haber pedido otra cosa mejor ni aunque lo hubiera pensado" - excalamaba Noelia eufórica.
- "¿Sí? Me alegro. Yo he conocido a un chico, se llama Fernando, es encantador, estaba en un parque leyendo sentada en un banco "El viejo y el mar" de Hemingway y se me acercó preguntandome por él, empezamos a hablar y no sé... - decía Mónica mientras una "sonrisa de imbécil" empezaba a aparecer en su cara parando su relato.
Raquel las incitaba a contar más historias, anécdotas y detalles, intentando llenar un vacío interior que cada vez era más profundo.
Con cada sentido "me alegro" que decía, la daga se iba hundiendo cada vez más en su débil corazón. Demasiados desengaños, torturas, días en soledad, envidias, juicios, rechazos...
Paradojicamente, el miedo al rechazo se había poco a poco apoderado completamente de Raquel. Aquella chica que podía mantener la mirada fija en un objetivo y alejarla pícaramente cuando ambas miradas coincidían, había cambiado. El sentimiento de timidez y nerviosismo se había hecho muy poderoso, hasta el punto de retener su estómago con tal fuerza que le transmitía hasta náuseas, haciéndole incapaz de siquiera levantar la mirada.
Y pensar que ella no quería nada serio, demasiadas seriedades para una vida tan corta y banal. Ella sólo quería divertirse, tontear con uno al que acababa de conocer en un bar, decirse tres o cuatro tonterías y llevarse a casa un número de teléfono con la promesa de que un simple "hola :D" al día siguiente podría despertar en ella algo que estaba dormido, podía hacerle sonreír estupidamente, sonrisa que sólo tienen los ilusionados, que ella había perdido hace largo tiempo.